domingo 10 de enero de 2010

Divagaciones sobre el ser humano

Como verán no tengo nada de ganas de estudiar ahora mismo. Así que aprovechando que está nevando y el Pisuerga pasa por Valladolid les voy a dar una charla sobre mi visión del mundo en algunos aspectos.

Pensando últimamente he llegado a la conclusión de que sé lo que hace que una persona me caiga bien o mal. Me refiero a que hay gente con ideas que nada tienen que ver con las mías y a los que sin embargo aprecio y hasta guardo lealtad siempre que otros intentan desprestigiarlos. Sin embargo, también los hay, gente con muchos intereses comunes a los míos con los que nunca lograré llevarme bien.

No se si conocerán el juego de los SIMS, ese en que vas creando personajes, y haces que convivan entre ellos. A veces mezclas a dos que nunca llegan a ser amigos, por más que te empeñes en que se den abrazos y besos, y al final hasta acaban partiéndose la cara. Se supone que es porque sus signos del zodiaco son incompatibles o vete a saber tú. Sin embargo otros que viven en zonas opuestas del barrio acaban congeniando de maravilla y hasta formando una familia.

Es un poco como la vida, la gente que te vas encontrando en el camino. Decía, creo que Pascal, que "todo razonamiento se reduce a ceder ante el sentimiento" Y es cierto. Primero sientes, y después intentas, como yo, encontrarle una explicación racional, para que los demás puedan entenderte. El caso es que las cosas, o las personas, te gustan o no, y luego puedes esforzarte por cambiarlo, pero no siempre es posible.

Buscando explicaciones a este hecho, he llegado a una conclusión... Lo que hace que aprecie o no a la gente que me rodea es su capacidad de ser coherentes con el mundo que les rodea, lo que hacen y lo que sienten. Me gusta la gente a la que ves venir de lejos, aunque sea para pegarte una hostia. Soy capaz de aguantar las críticas, por duras que sean si me las hacen mirándome a los ojos, y hasta consigo apreciarlas. Lo que no soporto es a esos que tiran la piedra y esconden la mano como si aquí no hubiera pasado nada. Me gusta la gente valiente, capaz de enfrentarse al mundo con razón o sin ella. Los pocos que quedan ya que son capaces de defender sus creencias sin agachar la cabeza.

Me gusta la cortesía, por supuesto, pero no soporto a los hipócritas. Y es que hay gente que no ve la diferencia. Eso es lo que no me gusta.

Y supongo que a otros no les gustará lo que yo pienso, y eso es parte de la gracia.

3 comentarios:

Ramón dijo...

Hola.
Hasta aquí he llegado de casualidad, y puede que me quede.
Suerte en el examen.
Leyendo las divagaciones me pregunto: ¿Que te han hecho esta vez? (es una pregunta retórica, pero puedes contestar)
Un abrazo
Ramón

Soraya SMolero dijo...

Buenas Garuda, veo que te está cundiendo... Verás que hay entradas con luz, otras sombrías y alguna que acabó quedando un poco vacía, supongo que cada una tuvo su porqué.

Hola Ramón, a veces las casualidades abren caminos que desconocíamos, bienvenido a este. La verdad es que aunque no lo parezca por el tono gruñón de la entrada (creo que estoy leyendo mucho a Reverte últimamente, lástima que no se me pegue su calidad literaria), la entrada la escribí justo por lo contrario. Fue después de una conversación con alguien cuya forma de vivir tiene poco que ver con la mía pero a quien sería capaz de defender por ser una de esas personas que prefieren pedir perdón a pedir permiso. Y es que a veces acabas cogiéndole cariño a gente que poco tiene que ver contigo.

Cosas de la vida...

perea29 dijo...

es asi vivimos dominados por nuestras emociones y esto implica discordia , no usamos el cortex , asi que es dificil relaccionarse ,fulanito me cae mal esto pensamos con un primer vistazo y luego el cortex subyugado por una emocion cede al cerebro primitivo, asi le va al mundo jeje, esto es lo que hay

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