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viernes, 12 de mayo de 2017

Madrid, mi hogar

Es difícil de describir. Hace ya 15 años que llegué a Madrid para quedarme a vivir en aquel colegio mayor que todos conocían como "El Johny". Llegué con miedo como se llega a todos los sitios desconocidos. Con ganas de comerme el mundo y una ingenuidad que casi, sólo casi, he perdido ya. Recuerdo el momento en que mis padres se fueron y me quedé sola en aquella habitación pensando que coño se me había perdido a mi allí, donde no conocía a nadie.

Desde entonces han pasado muchos abriles. Muchas primeras veces. He crecido. He conocido a muchas personas que merecía la pena conocer y he visto muchas cosas que la mayoría prefieren no saber que existen. Acabé una carrera, una especialidad y hace ya 2 años que no vivo a diario en Madrid.

Y sin embargo... Cada vez que piso el suelo de Madrid, no puedo evitar esa nostalgia que uno siente al llegar de nuevo a casa. Esa comodidad de lo familiar. Esa tranquilidad del que encaja la última pieza del puzzle.



Esta mañana llegaba a Madrid. Me parece que los músicos callejeros hacen un trabajo, escasamente remunerado para el que invierten mucho tiempo en su formación personal y que consiguen a veces acariciarte el alma lo cual no tiene precio. Eso precisamente es lo que me ha pasado hoy al subir al metro de Madrid. Un tipo ha sacado la guitarra y la armónica y se ha puesto a tocar esos acordes tan familiares de la Senda del Tiempo. Imposible no sentirme de nuevo en casa ante esa bienvenida.



GRACIAS MADRID, POR TODO LO QUE ME HAS DADO.

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