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lunes, 24 de octubre de 2011

Arriba...

Ya os he contado más veces que esto de la cirugía es una especie de montaña rusa. Una montaña en la que uno está hoy subiendo y mirando desde la cuesta arriba como será la bajada... ¿Habrá looping?




Hoy ha sido un día de subir. Por mi parte hice lo que tenía que hacer. Lo que debería hacer siempre un buen residente, y que a veces por mil excusas, absurdas o no, no hacemos. Hay veces, que aún haciendo todo lo que se debe las cosas no van como uno esperaría. Que voy a contar yo a estas alturas…

No ha sido el caso. Llegué a las 8, y hasta me dio tiempo a un café y un donut después de cambiarme de ropa. Puede que ese café haya sido el responsable de mi buen humor el resto del día… Vi a los pacientes, me sabía su historia, las indicaciones...

Ayer estudié hasta tarde. Me costó encontrar un libro de cirugía dónde se explicase la adrenalectomía laparoscópica. En la enciclopedia lo incluyen en el apartado de urología, y claro a ese no tengo acceso… Pero al fin lo encontré. Recordé ese libro de cirugía mínimamente invasiva que me compré en la librería del Clínico un día que salía de guardia (si Josefina no lo tiene no os molestéis en buscarlo en otro sitio, es la mejor librera del mundo). En realidad me lo compré bajo la influencia del saliente, en la que uno ve una cosa llamativa y saca la tarjeta de crédito, porque sufre el bien descrito en otros blogs como síndrome del “MeLo”. No tenía muy claro que lo fuera a usar para algo. Pero la verdad es que me ha salvado el culo muchas veces. No sólo por el texto y los resúmenes, sino por los DVDs dónde puedes ver explicadas y grabadas todas las técnicas que describe por laparoscopia. Vamos, una gran inversión que hoy me ha hecho aprovechar la cirugía desde el momento de la colocación del paciente hasta el final. Eso y dos adjuntos con buen humor, ganas de enseñar y buen saber hacer. Yo hice mi parte, pero sin ellos no me habría servido de nada…


Después otra cirugía fácil, en la que yo no estaba programada, pero he pedido permiso para colarme y me han dejado… Y claro, así cualquiera. Bajé a ver si había algo que hacer en la urgencia (cuando uno acaba pronto está feo dejar que los compañeros se coman marrones solos) pero casi no he hecho nada. Vamos que la cosa estaba tranquila y sólo he visto un paciente (en realidad a medio, porque según le arreglaba la herida, mi erre mayor, que apareció de repente, le acabó la historia). Y luego una sesión interesante de nuestro pequeño de Uro, que la verdad es que se podía quedar con nosotros porque trabaja fenomenal, gran inversión han hecho los urólogos.

Un vistazo a los pacientes que te recuerdan que no todos los días uno está en la parte alta… Una conversación, siempre agradable con los mayores, sobre lo que hacemos y lo que nos falta por hacer. Y ahora, de vuelta a la lucha, que mañana puede ser un gran día, pero yo debo hacer mi parte.

viernes, 14 de octubre de 2011

Cicatrices

Y pasaron las vacaciones. Tiempo de reflexión… ¿Merece la pena? Pues la respuesta está clara: NO. La cirugía no merece la pena. Te vas a casa con más cicatrices que las que les dejas a tus pacientes. Lo que pasa es que esas no se ven…



Y volví al curro… Para ser sinceros volví porque el sueldo de agosto me había permitido pagarme un pedazo de viaje por USA mientras el resto del país está en crisis. Porque hay que ganarse el pan. Porque llevaba toda la vida queriendo ser cirujano, y no voy a salir corriendo ahora…

Volví porque, que cojones, me encanta… Y las dificultades, las complicaciones, la sangre y el sudor empleados… Son parte de este trabajo… Volví con una semana sin guardias y programada todos los días (ya era hora). Volví relajada y feliz, y claro, cuando menos te lo esperas va esta perra y te muerde. Pero así es este trabajo…

Volví, y no quiero hacer otra cosa. A pesar de los pesares. Si no lo hago yo lo hará otro, que seguramente esté menos motivado. Y haciendo balance del verano, creo que lo hicimos bien. Me refiero a mis compañeros (los resis de cirugía del HSO). Para que digan por ahí que no estamos motivados… Yo me iba a casa a las 4 de la tarde de un saliente sabiéndolo todo de los pacientes de la planta, conociendo la urgencia, y preocupada porque los que venían detrás no los conocían como yo... Habiendo hablado con radiólogos, digestólogos e internistas para pedir todas las pruebas complementarias que me parecían necesarias, o que se comentaban en sesión…

Ahora aún no he cogido ritmo, me está costando volver después del último zarpazo. Pero lo haré mejor, sólo me queda ir hacia arriba y mejorar… Hay infinitas cosas en las que hacerlo. Da igual las horas necesarias...

De guardia: EN GUARDIA

A falta de 3 horas para mis deseadas vacaciones, suena el busca… ¿Dónde está la luz? Ah, sí, ya lo veo, de la urgencia. Algún capullo que se habrá dado un golpe hace mil años y pasaba por aquí… Total, me voy en un ratito… Veo lo que sea y lo apaño…

-¿CIRUGÍA?

- Te llamo de la Urgencia, ha dado un preaviso el SAMUR nos llega un chico con puñaladas múltiples en tórax y abdomen, te esperamos en la emergencia…

- 6:30 am, he debido ser malísima en otra vida… Yo sólo quiero irme a casa, no puede ser verdad esto, después de este verano de mierda no merezco esta llamada…

Y entonces recordé unas palabras de mi erre mayor (el cabronazo siempre lleva razón…) Me dijo una vez… Nunca bajes la guardia mientras tengas el busca, sólo puedes relajarte cuando lo hayas pasado, hasta entonces, eres responsable de lo que llegue a cirugía. Nunca dejes de hacer lo que se debe hacer….

Y así aprendí el manejo de un traumatismo toraco-abdominal abierto… Y me fui de vacaciones exhausta, pero con un subidón de adrenalina que me impedía el sueño…

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Entrada musical

A quién le importa



My friend's got a girlfriend



En estos días inciertos

Desde el lado oscuro de la residencia



Normalmente no suelo escribir saliente guardia. No lo hago porque es uno de esos momentos en el que soy consciente de que lo más sensato es dormir, comer, contar hasta 10000 y dejar que lo que da vueltas en mi cabeza repose hasta poder escribir algo que sea políticamente correcto. Pero que cojones, este es mi blog, y al que no le guste que no lea. Lo empecé como vía de escape, y ahora, que sé que es leído por muchos con intereses diversos, intento ser la mayor parte de las veces más prudente.

¿Y por qué hoy? Pues porque como diría alguien a quien admiro… Porque me da la gana. Por eso y porque después de un triplete me he desfrontalizado totalmente (puede que mañana me arrepienta). Llego a casa más quemada que el palo de un churrero. Hay veces en que tienes la sensación de que la has cagado, de que pudiste hacerlo mejor… Pero no hoy. Por supuesto que siempre se puede hacer mejor. Pero hoy ya no puedo más.

Agotada física y psicológicamente. Supongo que 8 guardias en 24 días en agosto y 3 en los 7 que llevamos de septiembre tienen algo que ver. Supongo que librar solamente una de ellas ha podido influir algo. O un solo día de 30 programada. O puede que sea el calor, quien sabe. O una noche larga…

O la frustrante sensación de no estudiar lo suficiente. No he podido leer casi nada en todo el verano.

Sólo una guardia más para cogerme vacaciones…

¡Cuánta falta me hacen! No lo sabéis bien…

Si, los residentes también dormimos, respiramos y tenemos hambre y sed, aunque seamos jóvenes e inexpertos… ¡Quién iba a decirlo!

miércoles, 31 de agosto de 2011

Sangre, sudor y gloria...



Lo que hace a la cirugía diferente del resto de especialidades, es (además de llegar allí donde otras no pueden) la soledad del cirujano muchas veces. Me explico… Un radiólogo, un internista, un médico de familia, en general, cualquiera con especialidad no quirúrgica e incluso alguno de los médico-quirúrgicos, pueden posponer decisiones, pensar, estudiar, reenfocar un caso… En cirugía, puedes, por supuesto, pero la mayor parte de las veces, antes de conocer el problema, o después analizando los resultados.

Nunca sabes a qué te vas a enfrentar en la siguiente guardia. Nunca que anatomía va a tener un paciente en concreto. No vale, el vuelva usted mañana… Allí estás tú, que has recibido al paciente, le has convencido de que hacer falta dejarle inconsciente (a veces ni eso) para abrir su cuerpo con un cuchillo y quitarle el mal que tiene dentro. Allí estás tú, para lo que pueda surgir. Tú y tus conocimientos, tú y tus habilidades… Ninguno de los que hay cerca puede ponerse en tu lugar. Hay veces que saldrías corriendo, pero no puedes, tú te has metido allí, con la confianza de alguien y tienes que salir con él vivo, y a poder ser su problema resuelto de la mejor de las maneras posibles. El anestesista duerme, la enfermera instrumenta, y con un poco de suerte tienes un buen ayudante, a veces (como les pasa a mis adjuntos) tienes que conformarte con te ayude una R2, que sabe mucho menos que tú y tienes que dirigir el cotarro e intentar enseñar mientras… Difícil no perder la calma alguna vez. Difícil, pero no imposible, doy fe…

Y sin embargo… Después de la batalla, del sudor, de otros fluidos de los que no hablaré aquí, de un sufrimiento coronario muchas veces… Después de superarlo (casi siempre se supera), la satisfacción personal, cuando las cosas salen bien, es superior a la que ninguna especialidad médica pueda darte. Hoy no hablaré de las complicaciones, no hablaré de que cuando un paciente se complica uno le da mil vueltas a cada una de las maniobras que hizo desde que dijo “hola” hasta el momento actual.

Y no hablaré, porque hoy ha sido un buen día. Porque después de un trabajado mes de agosto, del que dan fe unas cuantas guardias, sólo puedo decir una cosa… ¡Somos cojonudos!

Habrá momentos duros, por eso éste vale mucho más.

lunes, 29 de agosto de 2011

Rima LXXIII G.A. Bécquer


Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho;
y entre aquella sombra
veíase a intérvalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:

—¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

*

De la casa, en hombros,
lleváronla al templo
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedóse desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo,
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:

—¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

*

De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
tapiáronle luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.

La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras
yo pensé un momento:

—¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

*

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos...!

* * *

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu,
podredumbre y cieno?
No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos los muertos.




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