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martes, 24 de febrero de 2009

Cirugía general: Mi primera vez

A ver cómo sale esto. Voy a contar algo de lo que recuerdo de mi primera experiencia por esta especialidad. Como se trata de recuerdos puede que cometa errores que espero que quien me lea, sepa comprender.

Mi primera guardia de cirugía fue en segundo curso. Él médico de mi Colegio Mayor, que aún no era médico, sino estudiante de quinto o sexto, era alumno interno del departamento de Cirugía. Después de asistir a un curso que dió sobre RCP, una compañera de carrera y yo, le pedimos si podía colarnos en alguna guardia, ya que aquello de la cirugía nos llamaba la atención.

A las pocas semanas nos avisó para que fuéramos un día, y allí que fuimos. De aquel día recuerdo bastantes cosas, las primeras veces no se olvidan...

Recuerdo a un hombre que llegó porque se había hecho una herida en el pulgar de la mano izquierda. Tenía unos 50 años. La herida no se le curaba después de 2 semanas y tenía muy mal aspecto. Le empezaron a lavar con agua y jabón, hasta que empezó a salir sangre roja y limpia. A mi me estaba doliendo sólo de verlo, y él no se quejó para nada. Aquello le dolía a cualquiera, no entendía que fuera tan duro. Primera lección del día, los alcohólicos pierden bastante sensibilidad... No es que se aguantara el dolor, simplemente, no le dolía. Yo ni me había planteado que fuera alcohólico.

Poco después llegó un obrero. No le correspondía venir al clínico, sino a la fundación, creo, y el médico que le atendía le regañó por elló. Dijo que en Clínico le habían tratado y diagnosticado bien, y que en la Fundación no le había gustado el trato recibido... No recuerdo que le pasaba, creo que era algún problema de la próstata, fue el primer tacto rectal que ví hacer. Me pareció tan vulnerable en aquella postura... Pero ya se sabe, el que no mete el dedo, mete la pata.

Ingresó una mujer con abdomen agudo. Sirvió para que uno de los cirujanos que había por allí nos explicara lo que según él era una apendicitis de libro. Todos los síntomas de irritación peritoneal, le hicieron que la prepararan para ir a quirófano a quitarse el apéndice.

Mientras la preparaban, mi compañera y yo pasamos por primera vez a un quirófano. Después de que nos repitieran no sé bien cuantas veces la frase con la que tengo pesadillas: "No toqueis lo verde". Vimos nuestra primera cirugía. Eran un hombre de unos 50 años, con un trasplante de riñón hacía unos 8 que había rechazado. Le estaban poniendo dos riñones de un niño. Muy pequeños, muy lobulados, y en un sitio en el que yo nunca los había visto. Porque para el que no lo sepa, cuando se hace un trasplante de riñón los nuevos los dejas por delante, ya que en retroperitoneo no son muy cómodos si hay que volver a operar. Además de ello, no hace falta que quites los riñones del paciente, por lo que puede haber personas con más de dos riñones. Después de unir cada estructura con su correspondiente (por fin alguien me explicó lo que era una anastomosis, después de 2 años de anatomía), los riñones se empezaron a poner rosa. A mi me parecía difícil que un hombre tan grande pudiera vivir con unos riñoncitos tan pequeños. El milagro de la vida...

Y pasamos a la 2º cirugía. Lo que parecía una apendicitis de libro se convirtió en un cancer de ovario. Hasta entonces yo sólo había visto los ovarios de los cadáveres de anatomía, del tamaño de la llema de un dedo. Y de pronto aquello, que debía pesar medio kilo fácilmente. ¡Dios! Un cirujano salió a explicárselo a la familia. Hubo que llamar a los gines. Se había convertido en una cirugía para ellos. Pasamos al lado de la familia que lloraba amargamente. Se me hizo un nudo en el estómago y tragué saliva para no ponerme a llorar yo también. Empecé a entender que había elegido una carrera en la que habría muchos momentos difíciles. Empecé a intuir la soledad de aquel cirujano, a pesar de que no había hecho nada mal. Nunca he vuelto a coincidir con él, pero en aquel momento aprendí otra lección: En medicina nada es igual que lo que pone en los libros, y unas enfermedades pueden disfrazarse de otras.

Después volvimos con uno de los cirujanos que había estado en el trasplante. Nos llevó a ver a una paciente con una fascitis necrotizante post-cesárea. Nos explicó que la evolución de esos casos era muy difícil, que las siguientes horas eran críticas. Yo sólo pensaba que era una madre de un niño de 2 meses. Nunca supe que fue de ella, estaba en unas de las mejores manos del hospital (yo entonces no lo sabía) aún así aprendí otra gran lección: además de toda la ciencia médica que sepas, a veces sólo puedes rezar y cruzar los dedos. Ójala que todo saliera bien.

Seguimos con el mismo cirujano. Fuimos a ver a un paciente terminal al que según él le quedaba muy poco por vivir. Yo llegué allí y lo vi bastante bien. Perfectamente orientado y consciente. Monitorizado, pero muy lúcido. Estonces nos explicó este cirujano el fenómeno que se conoce como mejoría antes de la muerte. Por lo visto es frecuente en algunos pacientes, y es el tiempo que ellos dedican a hacer testamento, y solucionar cosas pendientes. Le habían retirado toda la medicación porque ya no podía hacerse nada por él, y todas sus pruebas estaban perfectas. Nuestro profesor sin embargo estaba seguro de que era algo transitorio. Se despidió de él y después volvería para acompañarle en sus últimos momentos. Para que digan luego que los cirujanos no tienen corazón.

Seguimos pasando planta con él. Una mujer llena de moratones. Fracaso hepático. Por fin toda la bioquímica cobraba sentido. Nos enseñó a palpar un abdomen, sin empezar nunca por la zona dolorosa.

Después vimos una apendicitis. La paciente estaba sedada y le pedía un autógrafo al cirujano porque lo había visto en la tele. De paso le tiró los tejos. Fue un poco subrrealista, pero gracioso.

Muchas emociones en aquel día. Muy interesante. Otro día hablaré de mi rotación por el servicio 3 años después. Me atrapó la magia de la cirugía.

5 comentarios:

  1. Jo, tú siempre has tenido mucha suerte con las guardias: no todas son así de interesantes! Todavía dudas de que tienes que hacer cirugía?
    A mi me parece interesante, pero creo que no es lo mío: donde este una médica!
    Pero aún estaré muchos años teniendo pesadillas, en las que una enfermeda malhumorada me persigue gritando: no toques lo verde! por pasillos interminables...buff!

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  2. Jajajaja. No toques lo verde!!!!!!!!!!!!!!. Si me diesen un euro por cada vez que he oído decir eso ya sería rica!.

    Me ha llegado al alma lo de: quien no mete el dedo mete la pata. Frase muy acertada.

    La verdad es que sí que tienes suerte en las guardias, pero también tengo que decir que la buscas, porque es muy fácil estar "pasiva" en la guardia, es decir, mirar el reloj cada 5' y ver cuándo te sueltan.

    Aquí en el hospital está claro que no vamos a ver de todo, pero bien es cierto que estadísticamente si te quedas más horas o pululas más por los sitios vas a ver más cosas, eso es de cajón.

    Yo estoy contigo Almu, las especialidades clínicas! jajaja. A mi la cirugía me parece interesante pero no se... abrir, cerrar, etc no es lo mío. Es cierto que es espectacular y que ves cosas increíbles, pero al mismo tiempo me gusta tanto la clínica, donde sólo con tus manos, el oído y tus ojos puedes diagnosticar y tratar al paciente, es que casi parece magia!. Quizá sea más lenta, lleva otro ritmo, como la maratón, pero un paso firme.

    Bueno voy a hacer algo de provecho que estoy muy ociosa hoy.


    Ciao!

    PD: Hoy he estado en urgencias de trauma y la verdad que fenomenal, qué maja la gente, nos han dejado hacer de todo!.

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  3. Cris, ¿Dónde se trata con ojos y manos, dices? Jeje y hasta con olfato a veces...
    - 2 Apuntes: Si se cura con cirugía, hablamos de una enfermedad curable.
    - Si no se cura con cirugía será un virus.
    - Y esta va para Clara: Si no encuentras el virus lo llamaremos enfermedad autoinmune :P
    - Si ni siquiera encuentras anticuerpos, hablaremos de algo idiópatico.

    No pudo ser la guardia de hoy, pero casi mejor, porque necesitaba dormir un poco. Almu, otra vez será...

    ¡Ya sé escayolar un Colles! No sé si sabría reducirlo yo sola, seguramente no. Aunque el truco en las reducciones es tracción y rotación en el sentido más lógico.

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  4. No olvides el "gusto" o no recuerdas a esos galenos que degustaban la orina de los diabeticos??? jajajaja

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